MÉXICO

Cena y Desayuno del Torneo de Golf L & L Plenty Co. Golf Cup en Monterrey

Cena y Desayuno del Torneo de Golf L & L Plenty Co. Golf Cup en Monterrey

Más allá del juego, la verdadera magia sucede en los detalles. Queremos agradecer a Hotel Live Aqua Monterrey por ser los anfitriones perfectos de nuestras cena y desayuno para nuestros golfistas y patrocinadores.

Entre risas, buena charla y una gastronomía excepcional, creamos el ambiente perfecto para fortalecer lazos antes y después de la jornada. Gracias por hacernos sentir como en casa con ese toque de sofisticación que nos caracteriza.

Nada de esto sería posible sin el apoyo incondicional de nuestros patrocinadores, la pasión de los jugadores y la compañía de nuestros grandes amigos. Gracias por hacer de este torneo una jornada inolvidable.

El camino no se detiene aquí. Nos llevamos los mejores recuerdos y ya estamos preparando lo que viene.
Nuestra próxima cita es el 17 de octubre de 2026. Prepárense para superar nuevas metas juntos.

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Torneo de Golf L & L Plenty Co. Golf Cup en Monterrey

Torneo de Golf L & L Plenty Co. Golf Cup en Monterrey

Además de un rotundo éxito, el Torneo de Golf L & L Plenty Co. Golf Cup en Monterrey 2026, brilló por la calidez de todos y cada uno de sus participantes: anfitriones, patrocinadores, organizadores, productores, aliados, golfistas y amigos hicieron del evento un momento por demás precioso que queda en el corazón.

El pasado 20 de abril, en St. Regis Costa Mujeres The Residences Monterrey, bajo un inesperado día muy fresco y lluvioso, la unión, el entusiasmo y la calidez humana se entrelazaron, marcando un “¡hasta el próximo año!” lleno de emoción.

Rogelio Betancourt, Fernando Pérez, Alejandra Garza y Jorge Benítez,

fueron quienes obtuvieron un primerísimo lugar.

En la categoría A, Francisco González y Salomón Abedroo el primer lugar; Gerardo Cavazos y Gerardo Rodríguez el segundo. El tercero: Alejandro Almaguer y Josué Ríos.

En la categoría B, Luis Fernández Pérez y Jorge Benítez el primer lugar; Rogelio Betancourt y Antonio Garza el segundo; Arturo Toscano y Félix Sansores el tercero.

En la categoría C, Mario César González y Manuel De Jesús González el primero; Jorge Ugalde Sánchez y Rubén Villarreal Méndez, el segundo.

¡Toda la gratitud y muchísimas felicitaciones para todos!En L & L Plenty Co. produciendo eventos memorables y las revistas Luxury Magazine México y Living Habitat, Lifestyle & Real Estate México, lo más importante se traduce en entrelazar el alma de lo más lindo en México y con esta experiencia: ¡lo ponemos en alto!

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Palmaïa The House of AïA 

Una pausa escrita entre la naturaleza y la presencia 

Entre la selva y el mar Caribe, en el extremo sur de Playa del Carmen, existe un espacio donde el ritmo cambia. Palmaïa – The House of AïA no se presenta como un escape, sino como una pausa consciente; un lugar donde la experiencia se construye desde la presencia y no desde la prisa. 

Rodeado por más de 400 hectáreas de naturaleza y frente a una playa de arena blanca que se extiende por un kilómetro, el entorno no solo enmarca la estancia, sino que la define. Aquí, la arquitectura se eleva para respetar el suelo, permitiendo que la vegetación respire y que los huéspedes se integren, casi sin darse cuenta, a un ecosistema vivo. 

La propuesta de Palmaïa se articula a través de The Gifting Lifestyle, un concepto todo incluido que elimina la fricción de las decisiones constantes para dar paso a una experiencia más fluida. La gastronomía, basada en un enfoque plant-forward, convive con opciones cuidadosamente seleccionadas, mientras que las bebidas, desde mezclas funcionales hasta coctelería, acompañan el ritmo natural del día. 

El bienestar no se impone, se sugiere. A través de AïA\Wellness, los huéspedes encuentran un sistema de cuatro caminos que pueden explorar libremente: movimiento, nutrición, sonido y restauración (The Portals of Practice, The Nourishing Biome, The Rituals of Sound y The Restorative Temple). Más de 50 actividades semanales, guiadas por los Architects of Life, abren la puerta a prácticas que van desde yoga y meditación hasta exploraciones creativas y experiencias sonoras que invitan a una conexión más profunda. 

En el corazón de la selva, Atlantis Spa ofrece un espacio dedicado al cuidado más introspectivo. Inspirado en tradiciones ancestrales, sus tratamientos utilizan ingredientes naturales y técnicas que buscan restaurar el equilibrio desde adentro hacia afuera. 

Reconocido con Dos Llaves Michelin y nombrado el Mejor Spa de Destino del Mundo por los lectores de Condé Nast Traveler, Palmaïa se ha posicionado como un referente dentro de la hospitalidad consciente. Más allá de los reconocimientos, permanece la sensación de haber estado en un lugar donde todo fluye con intención. 

Palmaïa no busca transformar a quien lo visita. Más bien, crea el espacio para que cada persona se encuentre donde está y, desde ahí, decida cómo continuar. 

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MORELOS El latido floral de la eterna primavera 

MORELOS El latido floral de la eterna primavera 

Existe un rincón en el corazón de México donde el tiempo no se mide en horas, sino en la apertura de los pétalos. Morelos, bautizado con justicia como la “Eterna Primavera”, no es solo un estado geográfico; es un tapiz vivo, un refugio donde la tierra, generosa y sabia, se desborda en una sinfonía de colores y aromas que embriagan el alma. Narrar la belleza de las flores de Morelos es contar la historia de una alianza sagrada entre el clima privilegiado, la riqueza de sus suelos y las manos laboriosas que cultivan la identidad de esta tierra. 

Caminar por Morelos es dejarse envolver por la bugambilia que, en cascadas fucsias, naranjas y blancas, abraza los muros antiguos de Cuernavaca, convirtiendo la ciudad en un lienzo impresionista. Pero el viaje floral comienza desde antes, cuando el aire tibio trae el aroma dulce de los jazmines y la elegancia de las orquídeas que prosperan en la calidez de sus valles. La flora de Morelos es un mosaico que va desde la sofisticación de sus viveros hasta la fuerza de su vegetación nativa. 

Hablar de las flores en esta tierra es, obligatoriamente, hablar de la rosa. Morelos se consolida como uno de los principales productores de rosas a nivel nacional, siendo Jiutepec un bastión de esta flor.

Cada rosa, roja como la pasión, blanca como la pureza o amarilla como el sol, es un testimonio de la dedicación de sus productores, quienes entienden que la calidad ornamental nace de la frescura nocturna y el sol constante.

Sin embargo, la magia de Morelos trasciende la ornamentación. En Tetela del Monte, las manos de los maestros viveristas trabajan la tierra para dar vida a la flor que une a los vivos con sus antepasados: el cempasúchil. En octubre y noviembre, los campos se tiñen de un naranja vibrante, un “oro” de pétalos que no solo adorna altares, sino que mantiene viva la memoria y la tradición prehispánica.

La biodiversidad del estado permite que la variedad sea infinita. Las gladiolas, con su porte erguido y elegante, adornan los mercados locales con una paleta de colores que parece infinita. En los bosques de la zona norte, cerca de los pinos y encinos, la naturaleza nos regala la flor de hielo (Yelhuetecapahtli), una joya azul que habita el cielo raso del monte, demostrando que la belleza en Morelos es, al mismo tiempo, delicada y silvestre.

Más allá de lo visual, las flores de Morelos son compañeras de vida. Son el aroma de la lluvia sobre la tierra, la sombra de un casahuate en el paisaje de selva baja caducifolia, y la frescura de un manantial rodeado de vegetación acuática. Son las celebraciones y los duelos, la esperanza de una nueva temporada de siembra y el recuerdo agradecido de la cosecha. 

Morelos florece, sí, pero florece con historia viva. Cada pétalo cuenta un relato de mestizaje, de orgullo y de un profundo respeto por la naturaleza. Visitar Morelos es un recordatorio de que la belleza no es estática, es un ciclo constante, una invitación a detenerse y respirar.

Las flores de Morelos no solo adornan el paisaje; ellas son el paisaje, el aroma de la tierra y el latido inconfundible de la Eterna Primavera. Apoyar su cultivo es mantener vivo el corazón vibrante de México. 

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EL ARTE DE habitar el instante 

EL ARTE DE habitar el instante 

La celebración de la hotelería de experiencias

La hotelería de experiencia es, ante todo, una invitación a la presencia plena. Se manifiesta como una disciplina poética que diseña espacios donde el viajero no solo se aloja, sino que se transforma. En este ecosistema de hospitalidad, cada detalle es una nota en una sinfonía diseñada para exaltar los sentidos y honrar la identidad de la tierra que sostiene los cimientos del edificio. Hoy, la verdadera maestría hotelera se encuentra en la capacidad de crear un universo propio, un refugio donde el lujo se define por la profundidad de la conexión y la autenticidad de cada momento vivido. 

Hablar de hotelería de experiencia es hablar de una narrativa visual y sensorial que comienza desde el primer contacto con el entorno. Los arquitectos de estos refugios son, en realidad, curadores de atmósferas. Utilizan la luz natural como un pincel que baña las texturas de los materiales locales la piedra volcánica, la madera de veta profunda, el lino tejido a mano para crear un diálogo constante entre el interior y el paisaje. En lugares bendecidos por la naturaleza, como los valles florecientes de Morelos, el hotel se convierte en una extensión del jardín; las bugambilias y los jazmines no solo decoran, sino que forman parte de la arquitectura viva, permitiendo que el huésped respire la esencia misma de la región en cada rincón.

El corazón de este modelo reside en la personalización, un gesto de generosidad que eleva el servicio a la categoría de arte. El equipo de estos santuarios de hospitalidad actúa con una intuición casi mágica, anticipando deseos y celebrando la individualidad de cada visitante. Es el arte de la bienvenida genuina, donde cada interacción busca el bienestar absoluto. La tecnología se pone al servicio del confort silencioso, permitiendo que la temperatura, el sonido y la iluminación se ajusten como un traje a medida, creando un nido de serenidad que invita al descanso profundo y a la introspección.

La hotelería de experiencia es también un puente vibrante hacia la cultura local. Estos espacios funcionan como guardianes del patrimonio, ofreciendo al viajero la oportunidad de participar en rituales que nutren el alma. Desde una ceremonia de bienestar inspirada en tradiciones ancestrales hasta una cena donde cada ingrediente narra la historia de un productor cercano, el hotel actúa como un embajador de su comunidad. Es una celebración de lo local: la artesanía que decora las mesas, el arte que cuelga de las paredes y el conocimiento compartido por quienes aman su tierra. Esta integración crea una armonía donde el éxito del hotel y el florecimiento del destino son uno mismo.

La verdadera magia ocurre cuando el espacio físico fomenta la desconexión del ruido externo para permitir la reconexión con uno mismo. Las actividades están diseñadas para despertar el asombro: observar el nacimiento de una orquídea en el invernadero del hotel, degustar un café recién tostado mientras el sol ilumina el rocío de la mañana o perderse en la lectura de un libro en un rincón diseñado para el silencio. Estos hoteles son escenarios para la creación de memorias imborrables; son lugares donde el tiempo parece expandirse, permitiendo que cada minuto cobre un valor extraordinario.

La sostenibilidad se presenta en esta visión como una forma de respeto y gratitud. Los proyectos de experiencia más luminosos son aquellos que abrazan el entorno con delicadeza, utilizando sistemas circulares, huertos orgánicos y energías limpias. El huésped, al elegir estos destinos, se convierte en parte de un círculo virtuoso de conservación. Existe una satisfacción profunda en saber que la belleza de la que se disfruta hoy es la misma que se está protegiendo para el futuro. La ética y la estética caminan de la mano, creando una sensación de paz y coherencia que envuelve toda la estancia.

En última instancia, la hotelería de experiencia es una oda a la alegría de vivir. Es la certeza de que el viaje es un regalo y el hotel es el envoltorio perfecto para ese tesoro.

Al centrarse en lo positivo, en el asombro y en la calidez humana, estos espacios se convierten en faros de inspiración. Son recordatorios de que el mundo está lleno de rincones maravillosos esperando a ser descubiertos con ojos nuevos.

Habitar estos espacios es, por tanto, un ejercicio de gratitud. Es celebrar que la belleza existe en las cosas pequeñas y que la hospitalidad, cuando se ejerce con amor y visión, tiene el poder de sanar y renovar el espíritu. La hotelería de experiencia es el escenario donde la vida se manifiesta en su forma más espléndida, invitándonos a todos a detenernos, observar y, simplemente, ser.

Destinos que Narran Historias: el mapa de la experiencia en México

México es un santuario donde la hotelería de experiencia alcanza su máxima expresión, transformando el viaje en un legado para el espíritu. Desde el susurro de la Eterna Primavera en Morelos, con sus haciendas que son jardines habitables, hasta la sofisticación orgánica de la Riviera Maya, donde el lujo se funde con la selva y el mar Caribe. El misticismo de Oaxaca, donde cada hotel es una galería de arte y tradición; los viñedos de Valle de Guadalupe, donde el diseño vanguardista rinde culto a la tierra, o la paz en el corazón colonial de San Miguel de Allende, un refugio de elegancia atemporal. En cada uno de estos rincones, México no solo nos recibe: nos invita a ser parte de una historia viva que se escribe con hospitalidad, asombro y el latido inconfundible de nuestra tierra.

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Valle de Guadalupe | Epifanía entre el mar y el desierto 

Valle de Guadalupe | Epifanía entre el mar y el desierto 

Benito Molina
Chef, Pionero y Guardián de la Cocina de Baja California 

Mi historia con el Valle de Guadalupe comenzó hacia 1985. Recuerdo claramente la fachada con los arcos de la casa vinícola Pedro Domecq; me quedó grabada esa impresión al ver paisajes de olivos y viñedos en México, algo totalmente mediterráneo y completamente diferente al centro del país. 

En aquel entonces, mi mente todavía no vislumbraba que ese horizonte sería el escenario definitivo de mi carrera. Volvería años después durante unas vacaciones, ya siendo cocinero profesional; esa fue la primera vez que tuve la oportunidad de probar el Cabernet Sauvignon 1986 de Cavas Valmar en una botella magnum. Fue como una epifanía probar un vino mexicano de tal calidad. Vi el Mercado Negro (mercado de pescado) con otros ojos, los de un cocinero sediento de conocimiento. 

Fue entonces cuando conocí a Sabina Bandera y su ya legendaria tostada de erizo en la carreta La Guerrerense. En 1996, el enólogo Hugo D’Acosta me brindó la oportunidad de ser jefe de cocina de La Embotelladora Vieja, en Bodegas Santo Tomás. Al acudir a la entrevista, Hugo me mostró una cabaña en el rancho San Gabriel, frente a un viñedo recién plantado. “Esa sería tu casa”, me dijo. En ese instante supe que el destino estaba marcado. 

Trabajamos juntos cuatro años en un periodo que resultó ser la gestación del desarrollo gastronómico y enológico de la zona, pero, sobre todo, fue el momento fundamental en el que conocí a Solange Muris, mi compañera y co-chef. Hoy, estamos por cumplir 26 años de haber abierto Manzanilla juntos; 

Una vida de amor y labor compartida entre fuegos. 

Somos uno de esos raros casos que han mantenido una claridad espiritual sobre su proyecto desde el origen. Puedes ver menús de hace dos décadas y la esencia permanece intacta: buscar el mejor producto de temporada y comprarlo a precio justo directamente al productor, para maridarlo con los vinos de la región. 

Desde entonces, la sostenibilidad y la trazabilidad han sido fundamentales para nuestra interacción con el planeta. 

Hace algunos años, compartiendo la mesa con el chef y cronista Anthony Bourdain quien proyectara nuestra identidad culinaria al escenario internacional, le comenté que aquí en Baja California teníamos la fortuna de empezar con un pizarrón en blanco, un clean slate: al no poseer una cocina milenaria, éramos y seguimos siendo un estado joven bendecido con el mejor producto de mar en México. El vino del Valle de Guadalupe posee una mineralidad y salinidad natural que le otorgan un carácter único, armonizando de maravilla con nuestros productos locales; esa sal que resalta los sabores en boca permite maridajes extraordinarios tanto con los tesoros del mar como con carnes rojas o codornices. 

Para nosotros, el vino es el hilo conductor: la salinidad del suelo se traslada a la copa y de ahí al plato, creando un diálogo donde el terruño y el océano se vuelven uno mismo. 

Toda esta riqueza requiere una conciencia profunda del entorno, especialmente ante la escasez de agua. No debemos apoyar proyectos que impliquen un uso irracional de este recurso, carentes de toda lógica. Es vital recordar que el Valle de Guadalupe es una esmeralda en medio del desierto; el respeto absoluto a su reglamento de desarrollo es el único camino para preservar nuestra esencia. 

Bienvenidos a nuestra mesa. Bienvenidos a Baja California, aquí el vino y el producto son los únicos protagonistas. 

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DOVINTO Vino nacido del equilibrio natural

DOVINTO Vino nacido del equilibrio natural

Todo gran vino nace de una relación profunda entre la tierra y quienes la cultivan. En el caso de DOVINTO, esa relación comenzó con un análisis cuidadoso de la vocación del terruño y una visión clara de cómo desarrollar un viñedo en armonía con el ecosistema del lugar. 

Después de analizar distintas zonas vitivinícolas de Baja California, encontramos en La Angostura, una región de cañadas de montaña influenciada por el Pacífico, las condiciones que buscábamos: suelos minerales, microclimas diversos y una geografía capaz de producir vinos con personalidad propia. Fue allí donde decidimos establecer DOVINTO. 

Organic fue el primer paso. EOIB, el siguiente… 

Desde el inicio tuvimos claro que no queríamos simplemente replicar modelos tradicionales de viticultura. Nuestro objetivo era comprender profundamente el ecosistema del lugar y trabajar con él, no contra él. De esa visión nació el método agrícola que desarrollamos y bautizamos como EOIB – Ecosistema Óptimo por Inducción Biológica. Este sistema parte de un principio claro: mejorar continuamente la tierra induciendo un equilibrio ecológico favorable a los organismos benéficos. A través de fertilización biológica, microbiología agrícola y manejo ecológico del viñedo, estimulamos la relación simbiótica entre el suelo, la vid y la micro y macrobiota que habita el ecosistema. 

EOIB induce un equilibrio biológico donde los organismos benéficos prevalecen sobre los patógenos. 

En ese sentido, EOIB puede entenderse como un enfoque “Beyond Organic”, es decir, un sistema que va más allá de la agricultura tradicional y también de la orgánica. No se trata únicamente de evitar insumos sintéticos, sino de inducir activamente los procesos biológicos del ecosistema agrícola, fortaleciendo la vida del suelo, la biodiversidad y la resiliencia natural de la vid. 

Implementar este enfoque ha implicado cuestionar muchas prácticas convencionales de la viticultura moderna. Apostar por procesos biológicos exige investigación, paciencia y una observación constante de la naturaleza. Con el tiempo hemos visto cómo el suelo incrementa su vitalidad, cómo las vides desarrollan mayor resiliencia natural y cómo el carácter del terroir se expresa con mayor pureza en cada cosecha. 

Bertha María Espinoza Cota & Jesús Antonio Sesma Escalante 
Fundadores / Founders, DOVINTO 

Hoy, DOVINTO es más que una bodega: es un ecosistema agrícola vivo donde suelo, agua, microorganismos, plantas y personas interactúan en equilibrio. Algo que nos llena de especial orgullo es que este proyecto ha sido desarrollado completamente con talento mexicano, fruto de años de experimentación en campo y de una convicción profunda de que México puede aportar nuevas ideas a la viticultura mundial. 

Mirando hacia el futuro, nuestra aspiración es que DOVINTO continúe evolucionando como un laboratorio vivo donde se perfeccionen modelos agrícolas basados en la biología del suelo y en el respeto por los sistemas naturales. Cuando alguien pruebe un vino de DOVINTO, descubrirá algo más que una bebida. Encontrará la expresión viva de la tierra: un alimento líquido capaz de reconectar al ser humano con la naturalidad y la fuerza del ecosistema que lo hizo posible. 

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El legado de la Tierra | La narrativa detrás de la excelencia 

El legado de la Tierra | La narrativa detrás de la excelencia 

En la industria vitivinícola contemporánea, la distinción de una marca líder no se mide únicamente por la precisión de sus notas de cata o el rigor de su cadena de producción, sino por la profundidad de su narrativa. Existe un nexo fundamental entre la disciplina técnica y la sensibilidad de quienes interpretan el paisaje; un equilibrio donde la marca deja de ser un sello comercial para convertirse en el testimonio de una herencia viva. 

Cada etiqueta que alcanza la cumbre del mercado es el resultado de un respeto absoluto por los ciclos naturales. Las firmas que hoy definen el estándar de calidad han comprendido que el prestigio se cultiva con paciencia y una observación meticulosa del entorno. No se trata simplemente de transformar la uva, sino de custodiar una identidad que se ha forjado a través de generaciones de viticultores, cuyas manos han aprendido a descifrar el silencio de la viña. 

La Calidez de la Autenticidad 

La verdadera autoridad de una bodega reside en su capacidad para ofrecer refugio en un mundo acelerado. El consumidor de alta gama busca hoy marcas que proyecten una consistencia ética y humana. Esta conexión se manifiesta en el cuidado de los detalles más sutiles: desde la elección de un corcho que respeta la evolución del líquido, hasta la implementación de prácticas sostenibles que aseguran el bienestar del terruño para el futuro. Esta forma de proceder no es otra cosa que la manifestación de un compromiso profundo con la excelencia. 

Cuando una marca vinícola logra transmitir esta filosofía, el acto de degustar trasciende lo sensorial. Se convierte en un reconocimiento al esfuerzo colectivo y a la resiliencia de quienes enfrentan las incertidumbres del clima con determinación. Es ahí donde la marca adquiere su dimensión más cálida y humana, transformándose en una invitación a la pausa y a la reflexión. 

Un compromiso con el porvenir 

El futuro del sector pertenece a aquellas organizaciones que honran su origen mientras abrazan la innovación con responsabilidad. Ver cómo las grandes casas vitivinícolas lideran la transición hacia una viticultura más consciente nos permite confirmar que la elegancia y el respeto por la vida son pilares inamovibles. 

Celebramos a esas marcas que, con discreción y maestría, continúan escribiendo la historia de nuestra cultura a través de un brindis que conecta el pasado con el mañana. 

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La sinfonía del Terruño Mexicano | Un maridaje de lujo

La sinfonía del Terruño Mexicano | Un maridaje de lujo

La sofisticación en la gastronomía contemporánea ha dejado de ser solo una cuestión de ingredientes para convertirse en una experiencia sensorial completa. 

Nos adentramos en el fascinante arte del maridaje, elevándolo a una sinfonía donde el vino mexicano es el protagonista absoluto. 

Ya no se trata solo de acompañar, sino de fusionar, armonizar y potenciar sabores, un concepto que los mejores viñedos del país han perfeccionado, convirtiendo cada copa en un tributo a la tierra. 

El maridaje, entendido como la unión armoniosa entre platillo y vino, encuentra en México una expresión inigualable. La vitivinicultura mexicana vive su mejor momento, ofreciendo etiquetas con personalidad propia, desde los valles de Baja California hasta las altitudes de Querétaro y Coahuila. Explorando estos vinos, caracterizados por su intensidad, frescura y complejidad, se descubre su dialogo con la rica gastronomía nacional. Es una conversación de lujo donde un Cabernet Sauvignon robusto encuentra su contraparte en un mole negro de Oaxaca, o un Sauvignon Blanc mineral se entrelaza con la frescura de unos ceviches estilo Ensenada. 

Al recorrer los viñedos, se conocen sus vinos, pero aún más importante, se viven las experiencias gastronómicas que ofrecen. Se destaca la tendencia del terroir y la cocina de proximidad. Los viñedos, además de ser centros de producción, son destinos elegantes donde el maridaje comienza desde la tierra hasta la mesa del restaurante, diseñados por chefs de renombre y sommeliers expertos. 

El clima y el suelo mexicanos, elementos que enmarcan la vitivinicultura, aportan matices únicos que desafían las reglas tradicionales de maridaje, creando nuevas reglas basadas en la audacia y el sabor local. 

Todo lo anterior se completa al resaltar la arquitectura y el diseño de los viñedos mexicanos, que se convierten en el escenario perfecto para disfrutar de una copa de vino espumoso mexicano maridada con ostras frescas, mientras se contempla el atardecer en alguno de sus maravillosos parajes. 

Una celebración del talento nacional y una invitación a elevar la experiencia culinaria, resulta al reconocer que los viñedos en México están a la vanguardia, produciendo vinos que no solo compiten internacionalmente, sino que definen un nuevo estándar con el orgullo de lo hecho en México: una sinfonía de sabor, cultura y refinamiento. 

La vitivinicultura mexicana se consolida como industria y manifiesto cultural. Esta sinfonía del terruño es el testimonio de un país que ha aprendido a sublimar su orografía en cada gota, transformando el acto de beber vino, en un homenaje perpetuo a la tierra, la distinción y el inagotable talento nacional.

Así, el arte del maridaje se revela como el movimiento final de esta obra: un diálogo sublime donde la esencia de la mesa encuentra su eco perfecto en la nobleza de una copa.

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La danza DE LA PARRA: El crisol de las variedades en México 

La danza DE LA PARRA: El crisol de las variedades en México 

Si el viejo mundo es la partitura perfecta, México es la improvisación magistral. En este rincón del mapa, las uvas no solo crecen; se adaptan, se rebelan y conquistan territorios que desafían cualquier manual de viticultura tradicional. Tras reconocer la excelencia de nuestra industria, es imperativo asomarse al surco: allí donde la geografía no es un límite, sino un lienzo sobre el cual cada cepa ensaya un lenguaje propio, cargado de sol, carácter y una frescura inesperada. Hablar de las variedades en suelo mexicano es narrar una historia de audacia climática, donde la vid ha encontrado un hogar vibrante que va desde las caricias salinas del Pacífico hasta la altitud desafiante de las mesetas centrales. 

La travesía comienza, por derecho de presencia, con la Cabernet Sauvignon. En los valles de Baja California, esta reina global se despoja de su rigidez europea para vestirse de madurez y potencia. Es una uva que aquí se siente cómoda, entregando vinos de una estructura generosa que parecen absorber el azul profundo del cielo ensenadense. No menos fascinante es la metamorfosis de la Nebbiolo. Lejos de su Piamonte natal, esta uva ha hallado una identidad casi mística, transformándose en una expresión de colores impenetrables y una fuerza tánica que es, hoy por hoy, uno de los grandes orgullos de la enología nacional. 

El ritmo cambia al encontrarse con las uvas blancas. La Chenin Blanc, por ejemplo, se mueve con una agilidad chispeante en las altitudes de Querétaro y Zacatecas. Es una cepa que recupera su alegría, ofreciendo notas de miel y flores blancas que bailan en el paladar con una acidez impecable. Paralelamente, asistimos al ascenso de la Grenache, una uva que ha sabido leer la luz de nuestros desiertos para dar vida a rosados sofisticados y tintos de una fluidez seductora, ideales para esa gastronomía de proximidad que tanto nos define. 

Este dinamismo no solo seduce al paladar local; ha comenzado a dictar su propia pauta en los certámenes más rigurosos del orbe.

Hoy, etiquetas emblemáticas de nuestro suelo regresan a casa portando metales dorados y distinciones que han dejado atónitos incluso a los paladares más puristas en Europa y particularmente en Francia.  

Es el triunfo de la audacia: ver cómo nuestras uvas, tras siglos de aprendizaje, son hoy objeto de halagos en las mismas tierras que una vez fueron su único referente. 

Un reconocimiento internacional que no es otra cosa que el aplauso del mundo a un vino que ha dejado de pedir permiso para sentarse en la mesa de los grandes.

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