MÉXICO

Bodegas de Santo Tomás: El aliento de la tierra y el tiempo

Bodegas de Santo Tomás: El aliento de la tierra y el tiempo

Nuestra historia es un tejido de voluntades que comenzó en 1888, cuando dos pioneros españoles desafiaron la geografía virgen del Valle de Santo Tomás, al sur de Ensenada.

Aquellos cimientos, desprovistos entonces de servicios, con caminos de terracería y gente fuerte, fueron las semillas de nuestra identidad.

En los años 30, el General Abelardo L. Rodríguez, quien fuera presidente interino de México, asumió la propiedad e industrializó la bodega, trasladándola al puerto, con el ánimo de aprovechar los beneficios de la importación de insumos y, también, desarrollar la producción de brandy.

Fue la época de oro de la frontera. Un tiempo de efervescencia donde el destino de mi familia se entrelazó definitivamente con la vid.

Mi abuelo materno, Elías Pando, llegó de Asturias a finales del Siglo XIX, con apenas catorce años de edad. Tras décadas de consolidar su propio camino empresarial, fue en los sesenta cuando adquirió la bodega de manos del General, imprimiéndole una visión de profesionalización absoluta. Para lograrlo confió la enología a Dimitri Tchelistcheff, experto formado en Napa Valley e hijo del legendario André Tchelistcheff, el arquitecto de la vitivinicultura moderna en California.

Juntos implementaron tecnologías que permitieron a Bodegas de Santo Tomás sumar, con una maestría inédita, las más avanzadas metodologías de la industria europea.

Mi abuelo fue un hombre que desarrolló, desde niño, un amor profundo por el campo, que se mantuvo pleno y lúcido hasta su trascendencia a los 103 años. A partir de ello el eslabón fundamental para la modernización de nuestra bodega fue mi padre, quien asumió la propiedad cuando mi abuelo decidió que era momento del retiro. Fue él quien tuvo la sensibilidad de entender que el futuro ya no residía en continuar con la imitación de estilos extranjeros, sino en la búsqueda de una autenticidad profundamente mexicana. 

A finales de los 80, mi padre encomendó la Dirección y la Enología a Hugo D’Acosta, liderando juntos una nueva gran revolución: la conquista de la voz propia. Bajo su guía, se creó un vino que expresó, y expresa, el carácter del terruño bajacaliforniano y las manos de la gente apasionada del hacer del vino. De esa era surgió Duetto, una etiqueta que marcó un hito al demostrar que México podía competir en la categoría ultra premium con absoluta confianza. Para su imagen visual, se colaboró con el maestro Roberto Cortázar referente plástico contemporáneo, fusionando por primera vez el arte de vanguardia con la potencia de nuestros viñedos más antiguos. 

He dirigido esta casa durante los últimos doce años, buscando llevar adelante el sueño de mi abuelo, el pragmatismo empresarial de mi padre y el compromiso social de mi madre. 

Para mí, una botella de vino es un organismo vivo que custodia momentos únicos; es un componente esencial de la civilización que permite que la energía fluya entre las personas. Hoy, nos reinventamos con dos jóvenes enólogos mexicanos que, habiendo estudiado y trabajado en bodegas prestigiosas de Francia y Argentina, hoy abren nuevos horizontes en su país y le hablan a un consumidor que busca un placer basado en la sustancia. 

Santo Tomás es, y seguirá́ siendo, un brindis por la historia y por la profunda humanidad que nace alrededor de una mesa. 

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La geografía del Vino Mexicano: Pueblos que saben a tierra y tradición 

La geografía del Vino Mexicano: Pueblos que saben a tierra y tradición 

México se consolida como un territorio donde la vid encuentra múltiples formas de expresión. Desde valles costeros hasta oasis en el desierto y altiplanos luminosos, el país alberga pueblos donde la cultura del vino se entrelaza con la historia, el paisaje y la vida cotidiana. Más que destinos turísticos, son comunidades donde la tradición vitivinícola define la identidad y el vino se vive desde su raíz. 

Hoy día, son ya 17 zonas productoras, consolidando una industria diversa y en constante evolución. Entre ellas, las siguientes regiones destacan por su legado, su arquitectura y la profundidad de su propuesta enológica: 

Valle de Guadalupe, Baja California

Entre colinas doradas, arquitectura contemporánea y horizontes abiertos, el Valle de Guadalupe se ha convertido en el epicentro de la viticultura mexicana moderna. Su clima mediterráneo, influido por la cercanía del Pacífico, permite el cultivo de uvas de gran carácter, mientras que su filosofía enológica apuesta por la expresión del terroir y la experimentación creativa. Aquí, el vino convive con una escena gastronómica de vanguardia y con propuestas arquitectónicas que dialogan con el paisaje sin invadirlo. El ambiente es relajado, sensorial y profundamente estético: un lugar donde cada visita se convierte en experiencia inmersiva, donde la tierra, el diseño y la cocina comparten protagonismo. 

Parras de la Fuente, Coahuila

Parras de la Fuente es historia viva del vino en América. En medio de un entorno semidesértico emerge este oasis fértil donde nació la tradición vitivinícola del continente, marcada por la presencia de Casa Madero, fundada en 1597. El pueblo conserva una elegancia serena: calles arboladas, antiguas haciendas y una atmósfera que parece suspendida en el tiempo. Aquí, el vino no es una moda, sino un legado transmitido durante siglos. Su identidad está profundamente ligada al cultivo de la vid, y recorrer sus viñedos es también recorrer la memoria del vino mexicano desde sus orígenes más remotos. 

Pabellón de Arteaga, Aguascalientes 

En el corazón del altiplano, Pabellón de Arteaga representa el renacimiento vinícola de Aguascalientes, un estado con tradición histórica en el cultivo de la vid que hoy vive una etapa de renovación y proyección. Sus suelos minerales, su clima seco y la amplitud térmica favorecen vinos de perfil elegante y expresión definida. La producción mantiene un carácter cercano y artesanal, con bodegas que privilegian procesos cuidadosos y experiencias íntimas para el visitante. Aquí, el vino se vive desde la calma del paisaje rural y la autenticidad del trabajo directo con la tierra. Pabellón de Arteaga encarna una viticultura discreta pero firme, que crece con identidad propia dentro del mapa enológico mexicano. 

Tequisquiapan, Querétaro

Tequisquiapan seduce por su espíritu festivo y su energía luminosa. Este pueblo queretano es el corazón de una región vinícola en plena expansión, especialmente reconocida por la producción de vinos espumosos, favorecida por la altitud y el clima templado del altiplano. Sus calles coloridas y su ambiente relajado invitan a vivir el vino desde la celebración y la cercanía. La experiencia suele integrarse con la célebre Ruta del Vino y el Queso, donde bodegas boutique, gastronomía regional y tradiciones artesanales conviven de forma natural. Aquí, el vino es expresión de creatividad y crecimiento, con una vocación contemporánea profundamente hospitalaria.

Dolores Hidalgo, Guanajuato 

Famosa por su papel en la historia de México, Dolores Hidalgo también ha florecido como un destino vinícola emergente de gran personalidad. Rodeada de colinas suaves y suelos minerales, esta región del Bajío ha desarrollado una viticultura refinada que equilibra tradición y experimentación. Las bodegas que rodean la ciudad apuestan por procesos artesanales, innovación en varietales y experiencias enoturísticas íntimas, donde el visitante puede recorrer viñedos, degustar etiquetas locales y contemplar atardeceres de luz dorada. Dolores Hidalgo ofrece un encuentro singular entre memoria histórica y renacimiento vinícola, donde el pasado y el presente brindan en la misma copa.

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El eterno renacer de Acapulco

El eterno renacer de Acapulco

Este destino se niega a desvanecerse en el olvido. Con un magnetismo intrínseco que desafía el paso del tiempo y las circunstancias, el puerto se reinventa con una elegancia renovada, manteniendo la esencia que lo hizo grande: la fusión perfecta entre el lujo desenfadado y la belleza natural indómita. 

En el estado de Guerrero, Acapulco se consagra repetidamente como la joya del Pacífico. Su geografía única, abrazada por majestuosas montañas y abierta a una de las bahías semicirculares más imponentes del mundo, es considerada el escenario principal: un telón de fondo de aguas cristalinas y atardeceres que pintan el cielo de tonos que son famosos desde los años 50 cuando se hizo famoso y era visitado por los artistas de Hollywood y del cine mexicano. 

La exclusividad define la nueva era del lugar, con la alta gastronomía que deleita los paladares más exigentes, desarrollos hoteleros de clase mundial que ofrecen privacidad y un servicio impecable, y villas privadas escondidas en la Riviera Diamante. Lo más sobresaliente en Punta Diamante es su enfoque en el ecoturismo y la naturaleza, con playas como Revolcadero y Barra Vieja, y su ambiente más tranquilo comparado con la Avenida Costera Miguel Alemán. 

El glamour está de vuelta, no como una réplica del pasado, sino como una evolución. Los eventos de alto perfil, como congresos internacionales y festivales culturales, marcan la pauta de una agenda vibrante que atrae a una audiencia sofisticada y cosmopolita. 

Acapulco es, una vez más, el sitio donde hay que estar, donde el estilo se encuentra con la sustancia y cada momento se siente diseñado a medida. Es un tributo a la resiliencia y al espíritu inquebrantable de una ciudad que sabe lo que es el lujo y cómo ofrecerlo con una calidez inigualable. Más que un destino, es una experiencia que promete ser tan inolvidable como siempre. 

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Taxco | El renacimiento de una joya mundial 

Taxco | El renacimiento de una joya mundial 

Enclavado en la Sierra Madre del Sur, Taxco de Alarcón, Pueblo Mágico de Guerrero, se reafirma como un destino ineludible que trasciende su legendaria fama platera. Esta joya colonial, con sus calles empedradas y arquitectura virreinal, atrae a turistas del mundo entero que buscan una experiencia de viaje auténtica y cada vez más sofisticada. 

La plata sigue siendo el corazón latente de Taxco, un legado que William Spratling revivió y que hoy se palpa en cada rincón. El famoso tianguis de plata y las exclusivas joyerías ofrecen diseños únicos que son verdaderas obras de arte, desde piezas artesanales hasta creaciones de alta gama. Pero el encanto de Taxco se extiende también a una oferta hotelera de primer nivel que combina historia y lujo. Los Hoteles boutique ofrecen vistas panorámicas inigualables, piscinas y spas, garantizando una estancia de confort y exclusividad. 

La gastronomía es otro pilar de esta experiencia de lujo. Más allá de los tradicionales jumiles y el pozole verde guerrerense, restaurantes de alta cocina reinterpretan los sabores locales, ofreciendo experiencias culinarias memorables con vistas espectaculares de la ciudad y la Parroquia de Santa Prisca. 

Las zonas de lujo y atracción se complementan con experiencias como un paseo en teleférico para admirar el Cristo Monumental o visitas a las impresionantes Pozas Azules de Atzala. Taxco es además de un destino único, un estilo de vida que cautiva a los visitantes, consolidándose como un emblema cultural que brilla con luz propia en el escenario turístico mundial. 

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Destinos románticos cercanos a la CIUDAD DE MÉXICO 

Destinos románticos cercanos a la CIUDAD DE MÉXICO 

De los escapes románticos más encantadores cerca de la Ciudad de México, que sin duda las parejas de enamorados encuentran especiales para compartir momentos inolvidables, encontramos desde las calles empedradas de San Miguel de Allende hasta las vistas panorámicas de Mineral del Chico, pasando por la magia de Malinalco, la abundancia natural de Valle de Bravo y la energía maravillosa de Tepoztlán. Cinco destinos donde el turismo de bodas está creciendo por la demanda de experiencias únicas y personalizadas que coinciden en ofrecer una combinación de espiritualidad y glamour, dentro de escenarios idílicos con sus paisajes, jardines encantadores y haciendas. También por la demanda de nuevas tendencias, como las bodas de escapada o “elopement” y las bodas “pop-up”, que se alinean con la búsqueda de privacidad por parte de las generaciones más jóvenes.

San Miguel de Allende

Este pueblo mágico en Guanajuato a 315 km de la Ciudad de México, es un destino romántico por excelencia, con restaurantes y bares para los paladares más exigentes. Sus calles empedradas, arquitectura colonial y vistas panorámicas del valle, lo convierten en un lugar ideal para enamorados. La combinación cosmopolita y pintoresca de esta ciudad, está llena de galerías de arte, cultura y romanticismo. Su centro histórico tiene edificios coloniales bien conservados que datan de los siglos VXII y XVIII. Resulta maravilloso visitar el museo histórico Casa De Allende, el centro cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante” y la fábrica la Aurora; el jardín botánico y la zona arqueológica Cañada de la Virgen, que son solo una pequeña parte de sus encantos.  

Mineral del Chico 

Ubicado en el corazón de la Sierra de Pachuca, es un pueblo minero a 120 km de la Ciudad de México, con un encanto natural impresionante, donde pasear por sus calles estrechas, es un privilegio. Se percibe el cariño con que se logra mantener un estilo único y uniforme, que parece salido de un cuento con arquitectura colonial. Está rodeado de paisajes naturales, como el Parque Nacional El Chico, ideal para practicar deportes al aire libre y disfrutar de la naturaleza. El mirador Peña del Cuervo, el cañón de Paraíso Escondido, las peñas Las Monjas y el centro del pueblo hacen de este lugar, una de las joyas mejor guardadas en el Estado de Hidalgo. 

Malinalco 

En el Estado de México a 104 km de la capital, es famoso por su arquitectura prehispánica y entorno natural que inspira profundamente a los amantes de los paseos en barco a lo largo de su lago. La ciudad es un lugar ideal para relajarse y visitar el Templo de los Guerreros: sitio arqueológico impresionante que data del siglo XV, con estructuras prehispánicas y vistas panorámicas del valle. El romanticismo se siente en el aire luego de experimentar la relajación que el lugar ofrece dentro de su atmósfera encantadora con calles empedradas y fachadas coloniales llenas de flores, descubriendo lindos espacios con arte e históricas casas bien conservadas. Además, el mercado de artesanías con productos locales que vale mucho la pena visitar, está rodeado de montañas y abundante vegetación, inspirando a la conexión y tranquilidad. 

Valle de Bravo 

Ubicado en el Estado de México, a 142 km de CDMX, es un destino romántico y pintoresco, donde pasear en barco por el Lago Miguel Alemán, visitar la Parroquia de San Francisco de Asís, la Gran Stupa Bön y la casa de oración Carmel Maranathá, resulta muy interesante y nutritivo para nuestra espiritualidad. Además, la ciudad es famosa por su arquitectura colonial, y el entorno natural tan silencioso, que se considera ideal para retiros de meditación. Caminar y montar a caballo hasta las Cascadas Velo de Novia, El Salto y El Molino, son de las experiencias favoritas de los enamorados. Se encuentran en Avándaro, a tan solo 5 km del centro de Valle de Bravo, que siendo parte del mismo municipio alberga residencias de lujo con un estilo que fusiona la arquitectura tradicional mexicana contemporánea con elementos rústicos y naturales, integrándose a las montañas e invitando a las actividades al aire libre, como senderismo y un campo de golf bien cuidado, integrado en un entorno privilegiado y muy disfrutado por los golfistas. 

Tepoztlán 

A 81 km de la Ciudad de México, este pueblo mágico combina aventura, misticismo y relajación, ideales para parejas románticas, amantes de la naturaleza y la cultura. Lo más romántico a menudo incluye disfrutar de las vistas desde el Cerro del Tepozteco, relajarse en spas o temazcales, o visitar lugares muy tranquilos como el Santuario de los Venaditos. Muy interesante resulta su oferta cultural, incluyendo el Ex Convento Dominico de la Natividad, el centro cultural y el museo de arte prehispánico, además de la pirámide del Tepozteco y el vibrante mercado artesanal. Tepoztlán tiene un estilo relajado muy particular que fascina como destino de salud y bienestar, complaciendo a personas en busca de experiencias holísticas. 

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Un triunfo nacional

Un triunfo nacional

El regreso del bisonte americano fortalece el patrimonio natural de México 

Un hito de conservación de magnitud histórica ha reescrito el destino del paisaje de Coahuila. El 26 de noviembre de 2025, el bisonte americano, extirpado de la región hace más de dos siglos, protagonizó un retorno monumental a la Reserva El Santuario. Este logro, materializado por la Fundación Pro Cuatro Ciénegas y socios estratégicos, marca el establecimiento de la tercera manada de conservación en México, conformada por 44 ejemplares vitales para el equilibrio ecológico. 

La reintroducción de esta megafauna trasciende la mera repoblación; representa la recuperación de un “ingeniero del paisaje” cuyas funciones son irremplazables. Su pastoreo y movimiento restauran la hidrología del suelo, recargan acuíferos cruciales y actúan como un cortafuegos natural, garantizando la resiliencia del ecosistema del desierto chihuahuense. 

El impacto es igualmente profundo en el ámbito cultural. Para la Nación N’dé, el regreso del Iyané es un evento de significado espiritual ineludible, reconectando un pueblo originario con su herencia e identidad milenaria, un momento de profunda reconexión biocultural. 

Este proyecto audaz posiciona a Cuatro Ciénegas a la vanguardia del turismo regenerativo, invitando al mundo a ser testigo de la restauración de la naturaleza, y asegurando que la majestuosidad de este retorno financie la protección continua de este santuario natural. 

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EL MAPA VIVO de una gastronomía sin fronteras

EL MAPA VIVO de una gastronomía sin fronteras

Ciudad de México, donde la tradición culinaria se encuentra con la creatividad y la fusión

En la Ciudad de México, comer nunca es solo un acto cotidiano: es una forma de entender el pulso de una capital que cambia, se reinventa y, aun así, permanece fiel a sus raíces más profundas. En sus calles, mercados, terrazas y barras de autor, la diversidad gastronómica es una declaración de identidad. La CDMX es un laboratorio de sabores donde conviven, sin jerarquías, la cocina tradicional, la contemporánea y las más audaces fusiones que hoy marcan tendencia. 

La tradición es el sustrato que lo alimenta todo. En barrios como Coyoacán, Xochimilco o San Ángel, la cocina mexicana encuentra refugio en fondas, comedores familiares y cocinas de humo donde el maíz no es un ingrediente, sino un relato. Las tortillas recién salidas del comal, los moles hechos con paciencia ritual, los caldos de gallina servidos al amanecer y los tacos de guisado que cambian según el día componen una cartografía emocional imposible de replicar fuera de esta ciudad. Los mercados como el de San Juan, La Merced o Jamaica siguen siendo templos de sabor donde cada pasillo narra un capítulo distinto de la memoria culinaria del país. 

Pero la CDMX no vive solo del pasado: su escena contemporánea es vibrante, atrevida y cada vez más global. Restaurantes de cocina de autor reinterpretan recetas ancestrales con técnicas modernas; los chefs exploran vegetales nativos, rescatan granos olvidados y juegan con fermentos, texturas y fuegos controlados que hablan de una nueva sensibilidad gastronómica. Hoy, la tendencia se inclina hacia la temporalidad: menús que cambian según la cosecha, experiencias multisensoriales y propuestas donde el origen del producto es protagonista. En Polanco, Roma y Condesa, la cocina contemporánea conversa con la arquitectura, el diseño y la hospitalidad personalizada, creando destinos gastronómicos que atraen viajeros de todo el mundo.

La fusión, por su parte, es el idioma natural de una ciudad cosmopolita. Aquí, el intercambio cultural se vive desde el paladar: ramen con chiles ahumados, tacos de suadero con kimchi casero, nigiris de escamoles, tiraditos con cenizas de maíz o croissants rellenos de dulce de calabaza. En colonias como Juárez y Cuauhtémoc, la mezcla asiática-latina se ha convertido en un sello generacional; mientras que en otras zonas, la inspiración mediterránea y medio oriental se integra sin perder el eco mexicano que la sostiene. La CDMX acoge, adapta y resignifica, dando paso a una cocina híbrida que es tan dinámica como la vida urbana.

Las nuevas tendencias también hablan de inclusión y sostenibilidad: proyectos de cocina vegetal, cafeterías de especialidad que trabajan con cooperativas mexicanas, bares que destilan su propio mezcal y espacios que promueven la reducción de desperdicio a través de menús circulares. A esto se suma la creciente cultura de barras creativas, donde mixólogos reinterpretan ingredientes locales, hojas de aguacate, pulpas tropicales, mieles, raíces en cócteles que dialogan con los platillos.

La Ciudad de México es, en esencia, un mosaico culinario infinito. Una capital donde cada barrio es una frontera gastronómica distinta y cada experiencia, una invitación a descubrir cómo la tradición y la creatividad pueden convivir en equilibrio. Para el viajero, es una ciudad que se recorre con todos los sentidos; para quienes viven en ella, es un recordatorio constante de que la diversidad en la mesa como en la vida es su mayor riqueza. 

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Cuando el chocolate me cambió el rumbo 

Cuando el chocolate me cambió el rumbo 

Mi llegada al mundo de la chocolatería fue casi accidental, pero hoy lo agradezco profundamente. Yo soñaba con ser músico, y yo creía que ese era mi rumbo original. Mis papás me apoyaron, pero me pidieron estudiar algo más, y como siempre he sido alguien que necesita transformar lo que imagina en algo tangible, elegí la gastronomía. Soy de Cuernavaca, Morelos, y desde muy joven buscaba un lenguaje propio para crear. Después de terminar la carrera me gané una beca para estudiar en Francia, en la Universidad de Cergy-Pontoise, y ahí descubrí el chocolate de una forma que me cambió para siempre. Fue en ese camino donde conocí al chef José Ramón Castillo, quien en ese momento se convirtió en una guía importante y en el maestro que me abrió las puertas del cacao. Ese inicio marcó mi historia, pero desde entonces siempre tuve claro que quería construir mi estilo, mi identidad y mi propia forma de contar este oficio. 

Alex Madrigal | Chef pastelero ejecutivo

Mi búsqueda creativa me llevó hasta Taiwán, donde dirigí un museo de chocolate y creé piezas monumentales y presentaciones en vivo. Más tarde trabajé en hoteles de Estados Unidos, y después regresé a México para encabezar un proyecto del chef Antonio Bachour en Cancún, un reto gigantesco que me enseñó precisión, escala y visión. Más adelante, en Rosewood Mayakoba, pude soltar por completo mi voz creativa y desarrollar piezas que se volvieron emblemáticas. Todo eso me llevó a tomar la decisión de caminar por mi propio rumbo y nació mi proyecto homónimo, Chef Alex Madrigal, donde la inspiración es la brújula: combino la chocolatería con la fotografía, la cinematografía y un lenguaje visual que se ha vuelto mi sello personal. 

Lo que más me cautiva del cacao es su nobleza. La transformación de la mazorca al chocolate es un acto casi alquímico. La manteca de cacao es un material fascinante: polimórfico, preciso y capaz de tomar cualquier forma que imagines. Para mí es el oro de la pastelería. Su aroma, su origen y su historia lo envuelven en algo casi espiritual. Además, el hecho de que mi papá sea tabasqueño hace que esta relación sea todavía más íntima; crecí cerca de sabores y bebidas de cacao que hoy reconozco como parte de mí. La inspiración me llega de todas partes: una galaxia, una película, el mar, un recuerdo, una emoción o incluso el silencio. No creo en fórmulas; creo en dejar que la vida te hable y transformarla en chocolate. 

México es cuna del cacao y, aunque por años el consumo estuvo dominado por sucedáneos, hoy estamos viviendo un renacimiento. Chefs, productores y creativos estamos trabajando para reeducar al consumidor y devolverle al cacao el lugar que merece. 

Cuando los mexicanos caminamos hacia la misma dirección, logramos cosas impresionantes. El cacao es parte de nuestra identidad, y revalorizarlo es una causa que nos une. Estoy convencido de que México tiene el talento, la pasión y la fuerza para que su chocolate vuelva a ocupar el lugar que siempre ha merecido. 

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Nixtamal, cacao y milpa

Nixtamal, cacao y milpa

El renacimiento del México profundo en la mesa moderna

La gastronomía prehispánica no es un recuerdo arqueológico: es un sistema vivo que sigue dialogando con el paladar contemporáneo, redefiniendo la identidad culinaria de México y proponiendo futuros posibles desde el origen. En un país donde la modernidad tiende a confundirse con la sofisticación importada, la cocina prehispánica recuerda algo esencial: la verdadera innovación puede surgir de mirar hacia adentro, hacia lo primario, hacia lo que ya era perfecto antes de intentar reinventarlo.

Sus pilares: el maíz, el frijol, la calabaza y el chile, siguen siendo la base del sabor y del sentido. Las tortillas de nixtamal, el mole en sus múltiples interpretaciones, los tamales y el atole han trascendido siglos porque están diseñados para durar. Son sistemas culinarios completos, con técnica, con química natural, con una lógica nutricional impecable. Y más aún: con un carácter cultural irrepetible.

Hoy, en el siglo XXI, la cocina mexicana contemporánea en su versión más propositiva no busca negar ni “refinar” lo prehispánico, sino expandirlo. Lo respeta, lo resignifica y lo vuelve lenguaje gastronómico actual. El maíz nativo azul, rojo, blanco, amarillo, se presenta como lienzo de alta cocina. El cacao vuelve a su naturaleza ceremonial, pero ahora con lectura sensorial y técnica de autor. La miel de agave y el mezcal retoman su narrativa ancestral sin necesidad de embellecerla. Los quelites, los insectos comestibles, los nopales, la chía, la sal de mar natural, las flores comestibles, regresan a escena no como “curiosidad” exótica para turistas: regresan como producto digno, cargado de memoria, perfectamente funcional para un mundo que exige nutrición real, sostenibilidad y coherencia. 

La cocina prehispánica se adapta al siglo XXI desde dos frentes: 

1. La sofisticación del relato 

El comensal urbano ya no quiere sólo comer rico; quiere saber de dónde viene lo que come, quién lo sembró, qué historia lo respalda. 

2. La modernización de la técnica 

La fermentación, el tatemado, el ahumado, la piedra caliente, el molcajete, el comal, la hoja como envolvente… todo eso que parecía “rusticidad” se transforma en técnica contemporánea de precisión y sabor. 

Además, hay una razón cultural de mayor escala: la cocina prehispánica reivindica el valor de lo mexicano como origen tecnológico. La nixtamalización, proceso milenario que vuelve biodisponible el maíz, es uno de los actos científicos más brillantes de la humanidad, y sucedió aquí, antes que en cualquier otra parte. Honrar eso no es nostalgia; es reconocer inteligencia ancestral. 

Por eso, cuando hoy hablamos de gastronomía mexicana contemporánea, hablar de lo prehispánico ya no es una tendencia: es un eje. Es entender que, para diseñar el futuro del sabor en México, primero hay que volver al maíz, al chile, al metate, a la milpa. Porque ahí, en esa memoria intacta, está la verdadera vanguardia. 

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THE ALEST La joya Boutique de Polanco

THE ALEST La joya Boutique de Polanco

The Alest redefine la idea de lujo discreto en la Ciudad de México.

Entre las calles arboladas de Polanco se encuentra The Alest Hotel, uno de los Hoteles Boutique más sofisticados de la Ciudad de México. Parte del exclusivo catálogo de hoteles de MLH Collection, The Alest combina encanto europeo, elegancia discreta y la calidez de una residencia privada. Cada espacio está diseñado con una estética refinada y clásica: iluminación suave, detalles artísticos y una atmósfera íntima que se siente cosmopolita pero personal. La experiencia inicia con un ritual de bienvenida característico, marcando el tono de una estadía pensada en cada detalle. 

El corazón del hotel es 45 Bar & Restaurant, un restaurante que fusiona técnicas contemporáneas con influencias mexicanas y mediterráneas. Hoy es punto de encuentro tanto para viajeros como para locales que buscan una propuesta gastronómica elevada y sutilmente lujosa. Con un número reducido de suites, servicio personalizado y una identidad propia. 

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