Pasión, compromiso y amor por el mar, un camino de vida

Abilene Giseh Colin Aguilar

Bióloga Marina, Directora de Proyectos ASUPMATOMA

Mi historia comenzó a temprana edad, cuando miraba encantada documentales en torno a la vida marina. Me emocionaba ver el trabajo que realizaban los buzos y los investigadores que estudiaban a los animales. Supe que esa profesión se llamaba biología marina y decidí que eso quería estudiar. A mis 18 años, me mudé de mi ciudad natal, Durango, para La Paz, buscando ese sueño.

Durante el segundo semestre de la carrera tuve la enorme fortuna de avistar una tortuga laúd,  una especie que anida de forma muy esporádica en Baja California sur.  Verla tan majestuosa y a la vez tan vulnerable marcó mi decisión de querer dedicar mi vida profesional a las tortugas marinas. Así fue como en 2010 llegué ASUPMATOMA, buscando un campamento tortuguero donde realizar mi servicio social. Desde entonces, tras 15 años, no me he despegado del mundo de las tortugas marinas, incluso mi tesis de maestría versó sobre sobre ellas.

ASUPMATOMA nació en 1990 como una iniciativa ciudadana, cuando México prohibió cualquier tipo de aprovechamiento de la tortuga marina. Para 1995 se formalizó como asociación civil, y se fundó el primer campamento tortuguero en Baja California Sur.  Nuestra misión principal es abonar a la recuperación de las poblaciones de tortugas marinas, especialmente de las que anidan en esta zona (laúd, negra y golfina), las cuales aún se encuentran en peligro de extinción. En 2025, estamos cumpliendo nuestro 30 aniversario, y podemos destacar éxitos tales como haber protegido alrededor de 24,000 nidos y liberado al mar 1,800,000 crías de tortuga marina. Año con año, recibimos a la comunidad local quienes viven la hermosa experiencia de liberar una tortuguita y aprender sobre el cuidado del medio ambiente. Asimismo, damos oportunidad a jóvenes estudiantes a que realicen parte de su formación profesional en el campamento, a través de tesis de investigación científica o servicio social.

Los mares que rodean la Península de Baja California albergan una gran riqueza de especies marinas, incluyendo especies de flora y fauna endémicas las cuales solo podemos apreciar en esta región. Tenemos un gran tesoro marino y no en vano lo han llamado el acuario del mundo. Es nuestra responsabilidad conservar y respetar todos los ecosistemas marinos pues de ellos también dependemos nosotros. Los mares nos proveen de oxígeno y regulan el clima, los ecosistemas de la zona costera como los manglares, parches de coral y dunas nos protegen de eventos catastróficos como huracanes y tormentas. Gracias a ellos podemos tener actividades comerciales como turismo y pesca, y su vez, todas las zonas costeras brindan espacios de recreación, descanso e inclusive de bienestar emocional. Todos podemos participar activamente, primero informándonos, acercándonos a colectivos y grupos organizados que están realizando acciones y sumarnos a través del voluntariado o brindando soporte mediante donativos. El reto es inmenso y se necesita la voluntad de todos. “Si perdemos la lucha ambiental, ninguna lucha tendrá sentido”, adopté esa frase porque es muy real, si perdemos lo esencial, perdemos poco a poco la vida misma.

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