Golf, un camino que transformó mi destino

Por Akira Tominaga, Profesional del Golf y Director de Solmar Golf Links Los Cabos Baja

Mi pasión por el golf nació casi por casualidad. Nunca imaginé que aquel deporte que al principio me parecía tedioso se convertiría en el eje de mi vida. Yo soy hijo de una familia japonesa que migró a Bolivia en 1959, cuando tenía apenas cuatro años. Años más tarde, una beca me permitió regresar a Japón para continuar mis estudios en Kumamoto, mi tierra natal. Fue ahí, en medio de mi vida universitaria, donde el golf se cruzó en mi camino. Mi maestro me eligió, sin preguntarme mucho, para ir a jugar después de clases. Al inicio lo aborrecía. Pero, tras seis meses de práctica constante, algo cambió: ya no podía estar sin jugar, el golf se había apoderado de mí y se convirtió en una obsesión maravillosa.

Ese fuego me llevó a interesarme no solo en el juego, sino en el manejo de los campos de golf. Me intrigaba cómo se cuidaban esos espacios para que cada jugador pudiera disfrutar al máximo de la experiencia. Ese interés marcaría el rumbo de mi vida profesional.

Después de graduarme de la universidad, entré a trabajar en Tonan Sangyo, una compañía japonesa en expansión que construía una fábrica en Bolivia. Poco después, en 1982, me transfirieron a México para iniciar labores en Michoacán. En aquel tiempo, cada fin de semana buscaba la manera de mantener viva la llama del golf, viajando a Manzanillo o a Colima para jugar. Mi pasión seguía intacta.

El gran cambio llegó en 1993, cuando Aoki Corp. me ofreció el puesto de asistente de dirección de golf en el Caesar Park Cancún Golf Club. Fue entonces cuando comprendí que, para ser un buen director, no bastaba con la administración o la operación: el corazón de un campo de golf estaba en su mantenimiento, en lograr que la belleza del entorno se viviera en cada hoyo, en cada recorrido. Decidí formarme con disciplina hasta obtener el grado de superintendente C en la Golf Course Superintendents Association of America (GCSAA). Ese logro abrió puertas para trabajar con grandes proyectos en Grupo Palace, Vidanta Resorts, La Vista Country Club y, actualmente, en Solmar Golf Links, siempre con una visión de excelencia corporativa.

México me ha dado enseñanzas que guardo con gratitud. He descubierto que este país es un destino turístico extraordinario, con campos que se adaptan a las playas, montañas y desiertos, integrándose de manera única a cada geografía. He disfrutado de su infraestructura turística, de la riqueza de su gastronomía y, sobre todo, de su gente: amable, cálida, alegre y siempre dispuesta a compartir. Esa hospitalidad, sin duda, es lo que distingue a los campos de golf de México ante el mundo. Los diseños de arquitectos famosos los hacen atractivos, pero es la atención y calidez de los mexicanos lo que sobrepasa cualquier expectativa de los jugadores internacionales. Hoy, mi propósito va más allá de lo personal. Quiero aplicar lo mejor que he aprendido en cada país para capacitar a las nuevas generaciones, y que más personas puedan acceder a puestos de importancia dentro de este maravilloso mundo del golf. Sueño con que lo que me sucedió a mí pueda repetirse en muchos otros, y que, con mi granito de arena, ayude a mejorar vidas a través de este deporte que transformó la mía.

1620 1080 Luxury Magazine
Compartir
Start Typing