Siempre he creído que el lujo, para ser auténtico, debe nacer del respeto absoluto al origen. Mi trabajo en la moda se transformó cuando decidí escuchar la voz del entorno y comprender que la verdadera elegancia no es algo que se impone, sino algo que emana de la propia materia.
Mi colección Desierto no fue una casualidad, sino un proceso de maduración. Al ser invitado a presentarme en el marco del 40 aniversario de Intermoda, me sumergí en una investigación sobre el simbolismo de esa cifra; el número que más se repite en la Biblia y que representa un paso, una transformación; la madurez necesaria para encontrar el destino. Fue entonces cuando busqué en la manta artesanal de Jalisco, en el lino y en el bambú, esa energía pura que solo las fibras naturales pueden transmitir. Logré que la rigidez de lo rústico se fundiera con el rigor de la alta sastrería, creando un diálogo entre la herencia y la vanguardia.




En mi paso por el New York Fashion Week, llevé conmigo esa dualidad. Integré el tinte de la grana cochinilla, ese pigmento mesoamericano que alguna vez vistió a los grandes señores de nuestra historia. De la misma forma en que se funden técnicas ancestrales con una visión contemporánea, busco que mi propuesta vista a los nuevos emperadores de este milenio; hombres que portan su historia con la misma naturalidad con la que la tierra sostiene la vida.
Esta visión fluye a la par de mi labor en la Universidad Autónoma de Guadalajara. En las aulas, como director de Negocios de Moda, equilibro el rigor estratégico con la libertad creativa. Cada mañana me levanto con la emoción de aprender de mis alumnos; comprendo que la maestría no reside en lo que se retiene, sino en lo que se comparte para que alcance su plenitud con el paso de los años.

Siento que mi firma ha alcanzado un punto de equilibrio. Recuerdo siempre que nos llamamos humanos porque venimos del humus, que significa polvo. Somos tierra y somos humildad. Por ello, he renunciado a lo artificial y al poliéster, materiales que al fuego se consumen en una combustión inerte y sin dignidad. Elijo, en cambio, fibras que al contacto con la llama se vuelven ceniza, regresando con honor a la esencia de lo que somos. En esa pureza encuentro la verdadera clave de la plenitud.
Si el lugar que habitas, la prenda que portas o el camino que transitas no te devuelve el reflejo de tu propia felicidad, detente y busca la puerta que te aguarda; porque solo aquel que viste su propia verdad, camina con la verdadera elegancia del alma.
Carlos Sotomayor
Diseñador de Moda, Fundador de la firma homónima y Director de la Licenciatura de Negocios de la Moda e Imagen en la UAG



